Fondo

Hay cristianos sin Iglesia, hay creencia sin pertenencia eclesial. Otros  sectores eclesiales que no llegan a darse de baja de la Iglesia, viven  un sentimiento de impotencia, rabia, dolor, miedo, silencio y tristeza  eclesial. Las mujeres, en especial, se hallan en una situación límite en  la Iglesia, con el riesgo de que la Iglesia, que en siglos pasados  perdió a los intelectuales y a los obreros, ahora pierda a las mujeres.  Algunos afirman que “otra Iglesia es posible” y hay quienes postulan un  concilio Vaticano III. Otros creen que esta situación ya no es  sostenible por más tiempo, es explosiva y algún día reventará… 
Es verdad que esta crisis eclesial no es uniforme: se constata sobre  todo en el primer mundo, más fuertemente en Europa y de un modo especial  en España3. Pero aun en el tercer mundo y más concretamente en América  Latina, desde donde se escriben estas páginas, hay síntomas claros de  que esta situación está también llegando tanto a sectores de cristianos  conscientes como al mundo de los jóvenes. No podemos desconocer tampoco  que muchos grupos populares de América Latina abandonan de hecho la  Iglesia Católica para ir a las sectas, mientras que otros grupos se han  alejado de la práctica de la Iglesia y viven un divorcio entre su fe y  su vida. La Iglesia se ha convertido en un problema, un escándalo, un  impedimento para la fe, un signo de contradicción.

En estas notas simplemente trato de revertir a ustedes con laguna  organización y quizá algunos pequeños aportes algo provisionales, lo que  ya he escuchado del propio proceso de una diócesis tan  decididamente  vuelto a irse viviendo y organizando como Iglesia de los pobres.
Trato de distinguir lo que es una línea clara y adquirida, de lo que son  importantes cuestiones a ir reflexionando en la práctica.
Me parece muy importante anteponer esta introducción con algunas  reflexiones acerca de cómo surge un nuevo modelo de Iglesia, cuáles son  sus elementos constitutivos centrales y cómo puede ser el proceso de  realización de ese nuevo modelo. Se trata de reflexiones genéricas que  todavía no se refieren directamente al modelo de la Iglesia de los  pobres, sino a cualquier cambio  de modelo.

Hablando de la oración, Teresa de Jesús comenta varias veces la  tentación de «abandonar la humanidad de Cristo», por la sospecha de que  ir directamente a Dios sería más perfecto. Y responde con una espléndida  reivindicación de lo humano de Jesús: «por esta puerta hemos de entrar  si qeremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos». De tal  modo que si alguien cree que «esto de apartarse de lo corpóreo, bueno  debe ser», sepa este tal que «no ha de entrar en esta cuenta la  sacratísima humanidad de Cristo». Advierte que eso es como «andar el  alma en el aire... que no trai arrimo». Y señala el peligro de una  oculta falta de humildad, arguyendo que «los asnillos, para traer la  noria del agua... aun cerrados los ojos y no entendiendo lo que hacen,  sacarán más agua que el hortelano con toda su diligencia».
En la vida y la historia de Jesús aparecen unas cuantas parejas (de  actitudes, de palabras, de reacciones provocadas...) que la  investigación histórica da hoy como científicamente garantizadas, más  allá de la historicidad concreta de los pasajes que las encarnan. Las  reduciré a siete, sin ningún afán de exhaustividad.

Lo fundamental de esta primera parte, de corte más bien filosófico, es  que el nihilismo occidental que vamos a examinar, y que caracterizaré  como un nihilismo light o descafeinado, es un fenómeno derivado del  cristianismo como proceso histórico y de una historia a la que se  concede entidad, autonomía y sentido.
Creo que no es concebible ese nihilismo nuestro en las religiones de  Oriente (pese a que Nietzsche considerase al budismo como nihilista): el  hecho de que esas religiones nieguen toda entidad a la historia  parecería una fuente de nihilismo, pero no actúa así porque esas  religiones son vividas al margen de la historia. El islam parece una  religión más vuelta a la historia: pero la falta de autonomía de ésta y  su concepción teocrática impiden todo nihilismo. En cambio, es en la  tradición judeocristiana –con una religiosidad vuelta a la historia, con  una historia dotada de entidad, llamada a crecer y progresar y  sumergida en el marco de una Promesa– donde puede nacer el nihilismo que  vamos a considerar.
En efecto: el cristianismo, por así decir, “abre los ojos” o el deseo  del mundo occidental (progreso, valores de libertad y fraternidad...)  desacraliza al mundo dando entidad a la realidad y a la historia, y pone  a ésta en manos del hombre, formulando –ya desde el siglo II– que los  humanos hemos sido creados «para crecer y progresar» (S. Ireneo). Por  eso hay quienes, desde fuera de él, han calificado acertadamente al  cristianismo como «la religión del fin de la religión».
Ahora bien: la promesa cristiana no parece cumplirse o no es bien  digerida. Y provoca una sensación parecida al suplicio de Tántalo:  siempre casi tocando la gota de agua que calmaría su sed ardiente, pero  sin conseguirla nunca.
Eso es lo que intentaré mostrar con una rápida selección de textos: que  nuestro nihilismo es postcristiano y postmoderno. Veamos ese proceso a  través de algunos textos.

Al hacer este diagnóstico, no damos carácter de síntoma a la pésima  imagen que suelen dar de la Iglesia los medios de comunicación, los  cuales, por lo general, sólo hablan de ella para comentar algún  escándalo (preferentemente de índole sexual o, si no, de carácter  económico, o de reales o  upuestas peleas internas). Esta pobre imagen  es sólo espuma, con menos entidad del espacio que ocupa. Y ello es así  unas veces por aquella regla clásica del periodismo de que sólo es  noticia lo estrambótico; y otras por el dato más serio de que –por mucho  que lo nieguen– los medios están en realidad al servicio del dinero y  no de la verdad. Pero este detalle es ahora poco significante. Más  sintomático es, en cambio, el modo de reaccionar la Iglesia ante las  críticas que recibe: una reacción siempre defensiva, que la lleva a  considerarse injustamente atacada o perseguida, sin parar ni un minuto a  preguntarse si habrá hecho algo mal o habrá dado algún pie a esas  críticas enconadas.
Incluso, los medios, emisoras o redes de comunicación en propiedad de la  Iglesia parecen hablar única y exclusivamente “pro domo sua” (si se nos  permite la clásica expresión ciceroniana), más que para informar  objetivamente. Esta incapacidad de recibir serenamente la crítica y  examinarse ante su  señor, nos parece la mayor señal de la crisis. Y  lleva a que, cuando la crisis se reconoce, sea sólo para echar toda la  culpa de ella a la maldad del mundo exterior, y añorar en silencio una  antigua situación de poder eclesial y de cristiandad.

En los años ’70, después del Concilio Vaticano II y de Medellín, en el  Sínodo de los Obispos de 1974, la misión de la Iglesia se expresó como  “La Evangelización”.  La exhortación post-sinodal del Papa Paulo VI “La  Evangelización en el mundo contemporáneo” (Evangelii nuntiandi) ha sido  la carta magna de la Evangelización.  Tuvo la grande intuición de poner  ante la Iglesia la misión que le confió Jesús, su Señor.  La dicha y  misión de la Iglesia es la Evangelización (Cf. EN 14)
Aunque el Concilio había hecho alusión a Jesús como el que anunció e  hizo presente el Reino de Dios y a la Iglesia como su germen (LG 5), no  caló hondo esta temática. Fue hasta la III Conferencia Episcopal  Latinoamericana en Puebla, que se desarrolló con un poco de más amplitud  esta temática (DP 190-193; 226-231). Posteriormente el Papa Juan Pablo  II, en la Encíclica “La Misión del Redentor” retoma este tema pero lo  relaciona más ampliamente con la misión (RM 12-20). Desde entonces en la  Iglesia se ha considerado la Misión teniendo como objetivo el anunciar  y hacer presente el Reino de Dios. 
Aparecida en el N° 361, habla de la misión de Jesús y encarga a la  Iglesia de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. La V Conferencia  da mucha importancia a la Misión, pero poco habla de que el objetivo de  ésta es el que acontezca el Reino de Dios. 
Por todo lo anterior, el objetivo de la Misión no se considera ya como  el extender la Iglesia, como si el centro de la misión fuera su  instauración, sino el anunciar y hacer presente el Reino de Dios,  con  obras y palabras, según el mandato de Jesús a los 12: “Vayan y proclamen  que está llegando el reino de los cielos”(Mt 10, 7: Lc 9,2;10,9.11).

La universidad de Murcia pone a disposición del público la consulta abierta de su “Repositorio de Investigación y Difusión del Mundo Griego y Romano Antiguo”, una excelente fuente de saber para todo estudioso e interesado en la geopolítica, la cultura, las formas de gobierno y los sucesos históricos de las dos culturas que dieron base a la cultura judeocristiana.

En Internet se llama “repositorios” a grandes almacenes organizados de información documental. Este repositorio de la Universidad de Murcia se caracteriza por su división en bibliotecas y en áreas de investigación, divulgación y didáctica. He aquí un instrumento educativo y de conocimiento cuya consulta es obligada para cualquier estudioso de la cultura judeocristiana.


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La búsqueda de las explicaciones para la fe también está en Internet. En Facebook se abren grupos que tratan de penertrar en las partes especializadas de la lectura bíblica y teológica. "Teología Apologética Católica" es uno de ellos.

Como sus creadores lo explican: "La función apologética no responde mas que a una parte del proyecto total de la Teología Fundamental, tal como acabamos de describirla. Es esa parte que estudia el hecho de la revelación y el conjunto de signos que nos permiten afirmar con certeza su existencia, al mismo tiempo, tiene el compromiso de establecer el carácter razonable de la opción por la fe; pero antes de explicar el propósito y la naturaleza de la Apologética nos será útil caracterizarla por vía de negación.".


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La Casa de los Amigos Cuáqueros, un sitio Web donde la Sociedad de los Amigos Cuáqueros invitan a conocer su organización. Cristianos provenientes de la Unión Británica, sus ancestros fueron los fundadores de los Estados Unidos. Se les conoce como gente de paz, honesta y confiable sumamente comprometida con las causas sociales y los derechos civiles. A ellos se debió, entre otras luchas, el sistema mediante el cual se rescataban esclavos del sur de Estados Unidos durante la Guerra Civil para otorgarles su libertad en el norte y en Canadá.

He aquí una útil Web para la formación en análisis de la realidad. Formada por el Instituto Iepala, Gloobal es una de las primeras herramientas de estudios sociales desde la perspectiva del sur creada en Internet. Ofrece importantes e innumerables recursos. Sitio de obligada visita para fortalecer nuestros procesos de formación.

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