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Entramos en un tiempo especial, con el cual se inaugura un nuevo año litúrgico: es el tiempo del Adviento para la Navidad. El Adviento es un tiempo de esperanza que dispone el corazón para acoger en la vida al Señor que viene. Es un tiempo de preparación, es también un tiempo de creatividad. Queremos prepararnos de la mejor manera, estar dispuestos, hacer un camino que nos conduzca hasta el encuentro con el Señor que viene, que está viniendo para hacerse “Dios con nosotros”.
Por eso tenemos una súplica que vamos a repetir a lo largo de todo este tiempo de Adviento para la Navidad: “Ven Divino Mesías, ven Señor Jesús”. El Adviento que empezamos es un grito, es una oración, es una esperanza. Sin embargo no faltan los “mesías” en nuestros días. Nos preguntamos: “¿Hay que esperar a otro que triunfe donde han sido tantas las esperanzas frustradas, donde han sido tantas las desilusiones?”.
Mesianismos políticos, sociales, económicos, incluso religiosos, siempre se presentan como otras tantas fuerzas, como poderes atractivos, como la solución al marasmo de los hombres. Todos esos mesianismos reclaman para sí una obediencia total, una obediencia ciega, una obediencia sin condiciones. Y uno tras otro se van derrumbando, asfixiados todos por el totalitarismo que los caracteriza, que los distingue. Los poderes humanos es posible que tomen las riendas por un tiempo más o menos largo, pero al final se acaban, al final terminan y hacen que terminen también las ilusiones.
Así sucumbió en otro tiempo, la soberbia Jerusalén y sucumbió y fracasó bajo el peso de su prestancia, en el mismo lugar donde los sacerdotes veían llegar la inmensa multitud que procedía de todos los pueblos. Entonces ¿vale la pena esperar? ¿Vale la pena entusiasmarse? ¿Vale la pena soñar?

La doctrina acerca de Cristo tiene su comienzo en el silencio. “Enmudezca y recójase, pues es el Absoluto” (Kierkegaard). Esto nada tiene que ver con el silencio mistagógico que, en su enmudecimiento, no pasa de ser palabrería del alma consigo misma. El silencio de la Iglesia es el silencio ante la Palabra. Al anunciar la Palabra, la Iglesia verdaderamente cae de rodillas en silencio ante lo Inefable y lo Inexpresable. La Palabra hablada es lo Inefable. Y lo Inefable es la Palabra. Pero la Palabra ha de ser hablada, porque es el gran grito que resuena en el campo de batalla (Lutero). Sin embargo, aunque sea gritada por la Iglesia para el mundo, la Palabra sigue siendo lo Inefable. Hablar de Cristo significa callar. Callar de Cristo significa hablar. La Palabra fecunda de la Iglesia, nacida del fecundo silencio, es la predicación acerca de Cristo.
Lo que intentamos hacer es ciencia acerca de esa predicación. Sin embargo, sólo en la predicación se revela su objeto. Hablar de Cristo deberá significar, necesariamente, hablar en el espacio silencioso de la Iglesia. Hacemos Cristología en el silencio humilde, insertos en la comunidad sacramental que adora. Rezar es, a un tiempo, callar y gritar delante de Dios y en presencia de Su Palabra. Como comunidad, nos hallamos reunidos en torno al contenido de Su Palabra, Cristo. Sin embargo, no estamos en un templo, sino en una clase. Y en este recinto académico debemos trabajar científicamente.
Como Palabra acerca de Cristo, la Cristología es una ciencia totalmente especial, porque su objeto es Cristo, la Palabra, el Lagos. Cristología quiere decir Palabra de la Palabra de Dios. Cristología es Logología. Consiguientemente, la Cristolo gía es la ciencia por excelencia, porque todo en ella gira en torno al Logos. Si ese Logos fuese nuestro propio Logos, entonces la Cristología sería la reflexión del Logos sobre sí mismo. Pero el Logos de la Cristología es el Logos de Dios. Su trascendencia, pues, hace de la Cristología la ciencia por excelencia, y su origen extrínseco la convierte en centro de la ciencia. Su objeto conserva permanentemente su trascendencia, porque se trata de una Persona. El Logos que aquí abordamos es una Persona. Este hombre es el Transcendente... Así pues, la Cristología es el centro aún no conocido y secreto de la universitas litterarum.

Dietrich Bonho.ffer
en su primera clase de Cristología,
Berlín, verano de 1933.
(Gesammelte Schriften, 3. Munich 1966, p. 167)

 

¿Es oportuno publicar un nuevo libro sobre Jesús de Nazaret? ¿Es posible decir algo nuevo que no se haya dicho en estos últimos dos mil años? ¿No hay una exageración de libros que hablan sobre Jesús? ¿Qué puede aportar otro más a esta desmesura editorial y mediática? ¿Quién se atreve a publicar un libro sobre Jesús en un contexto en el que será examinado con lupa? Estas preguntas, y sus respuestas negativas o escépticas, serían suficientes para abortar este libro; sin embargo, muy al contrario, son precisamente las que mejor legitiman el objetivo de este libro: ante tantas publicaciones y opiniones, ante tanta polémica y crítica, es posible y oportuno pre- sentar Qué se sabe de... Jesús de Nazaret.
    Así pues, el objetivo de este libro no es, propiamente, presentar a Jesús de Nazaret; o no lo es de modo inmediato. El propósito es mostrar cuáles son los temas más importantes de los estudios sobre Jesús, qué se sabe sobre él, cómo se ha presentado y cómo hemos llegado a donde estamos, qué perspectivas predominan, cuáles son los temas candentes o polémicos... No pretendemos, por tanto, “echar más leña al fuego” o añadir controversia, ni presentar las opiniones de los autores de este libro al debate sobre cada tema y aspecto, sino hacer una presentación sintética y equilibrada de “lo que se sabe” sobre Jesús de Nazaret.

La aventura vital de este monje cisterciense y contemplativo
universal que fue Thomas Merton (1915-1968) encontró su correlato geográfico en tres etapas diferenciadas que cerrarían el gran círculo de nuestro orbe y completarían un tríptico en el singular viaje sin distancia que es el camino monástico. Podríamos decir, de manera gráfica, que Europa representó para Merton su acceso primero a la fuente contemplativa, de la mano de sus mayores representantes. Su conversión al catolicismo vendría precedida de un “bautismo oceánico”, tras haber dejado atrás el viejo continente y su condición de viejo Adán. América (en realidad las dos Américas) constituyó una suerte de axis mundi y el descubrimiento de su verdadero yo (“ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”), así como su zambullida en el río de la contemplación solitaria y el compromiso solidario (en contra de la guerra, a favor de los derechos civiles...). Finalmente, en Asia, donde murió, se unirían para Merton los dos maderos de la cruz en un eje de vacío y plenitud, un océano de compasión infinita. Al término de sus días, Merton había, literalmente, abrazado el planeta entero, acogido sus luces y sus sombras y hollado el desierto y la ciudad antes de adentrarse en el Reino de la infinita soledad y de la sociedad perfecta.
En su juventud, Thomas Merton se dio cuenta de que las estructuras totalitarias de los países en perpetua contienda eran el resultado de una conciencia humana escindida e ignorante de su origen y su destino sagrados. “La raíz de la guerra es el miedo”, afirmaría más tarde Merton en Semillas de Contemplación. Tan sólo -propone él- atreviéndonos a sumergirnos en el desierto de nuestra propia soledad y desandando (desanudando y desnudando) los caminos de la vieja humanidad, podremos descubrir un cielo y una tierra nuevos.
Esa proclamación cristiana de Merton no difiere de la de sus predecesores, pero lo que la hace relevante, como en el caso de aquéllos, es su acento contemporáneo, la actualización de las lecciones evangélicas en una clave absolutamente candente. Merton lee la historia con “ojos llenos de fe en la noche”, interpretando las noticias de un siglo desgarrado a la luz de la Noticia del Señor de la historia. Por fortuna, su escritura no es unidireccional o monolítica, y así su relación con el mundo es, en tiempos que entronizan la comunicación de masas y neutralizan la de las personas, un diálogo de corazón a corazón y una religación de profundis.

Os gustaría leer la Biblia y no sabéis cómo empezar... Este pequeño libro,
modesto y ambicioso, intenta serviros de guía para el Antiguo Testamento. Vendrá luego otro parecido para el Nuevo Testamento.

Una guía turística
Cuando salís de viaje, os va bien llevar una de esas guías que os acompaña durante todas las vacaciones, proponiéndoos itinerarios, indicando las cosas que hay que ver, resumiendo la historia del país ... A esta “guía” le gustaría también facilitaros el descubrimiento de la Biblia.
Es una guía modesta. Muy sencilla. Debería permitir a los que nunca han abierto la Biblia o a los que se han desanimado tras el primer intento de acercarse a ella sentirse a gusto (con un poquito de esfuerzo). Antes de ser escrita, ha sido ya ampliamente ensayada en bastantes grupos. Es corta; cada capítulo está dividido en párrafos de dos o tres páginas que se pueden leer por separado.
Pero es también ambiciosa, ya que intenta ofreceros todas las claves esenciales para permitiros leer la Biblia por vuestra propia cuenta. Os propone lo siguiente: después de una introducción general, ocho capítulos construidos según el mismo modelo, en donde encontraréis:


* un resumen de la historia de Israel: se trata de unas páginas que abren el capítulo, pero que forman también un todo. Podéis leerlas todas seguidas, si queréis tener una visión de conjunto de la historia de Israel;

* una presentación de los escritos bíblicos redactados durante ese período. Veréis cómo van naciendo, poco a poco, las diferentes tradiciones que formarán un día la ley (o el Pentateuco); oiréis a los profetas predicando en aquella época; descubriréis la reflexión de los sabios sobre la condición humana, la vida, el amor, la muerte: es la reflexión que desembocará finalmente en los grandes escritos sapienciales;

* unas guias de lectura (indicadas por el signo), que os permitirán estudiar, solos o en grupo, algunos de los textos más importantes;

* una documentación muy variada, en recuadros: explicación de palabras importantes o difíciles, claves de lectura, textos antiguos que se pueden comparar con la Biblia, reflexiones teológicas o espirituales ...


 

Romano Guardini pronosticaba que el siglo XX sería el de la Iglesia. No cabe duda de que ésta ha sido referente y destinatario esencial del Con- cilio Vaticano II, y cuarenta años después del Concilio sigue siendo una problemática esencial en la reflexión teológica. Después de una época de cambios vivimos hoy un cambio de época histórica, y esto es también aplicable a la idea de Iglesia y a nuestra forma de comprender su identidad y misión en el mundo. En el marco de la colección “10 palabras clave” se ofrecen aquí algunos temas importantes de la eclesiología. No se trata de presentar una eclesiología sistemática, ya que éste no es el objeto de la colección y ha sido abordada por otros libros de Editorial Verbo Divino, sino de ofrecer algunas perspectivas puntuales en torno a conceptos importantes de la teología sobre la Iglesia.

El punto de partida es el concepto de comunión, que corre a cargo de Diego Molina, profesor de la Facultad de Teología de Granada. Sin duda, es el concepto clave en la discusión actual. Del Concilio Vaticano II ha surgido una eclesio- logía de comunión, y las diferencias se establecen en torno a cómo concebirla y a las consecuencias que se sacan de ella. Las dos eclesiologías que se dieron en el Concilio han continuado en el postconcilio y el término “comunión” se ha converti- do en el criterio diferencial a la hora de dar contenido a la Iglesia como misterio y como pueblo de Dios, que son los dos títulos que enmarcan los capítulos primero y segundo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia. El problema de la recepción del Vaticano II, la gran discusión vigente acerca del significado del Concilio y la referencia a los orígenes del cristianismo dependen de cómo se entienda la comunión. De ahí la necesidad de tener en cuenta la evolución de la comunión en las distintas eclesiologías del Nuevo Testamento y a lo largo de la tradición. Por otra parte, hay que atender a la identificación de comunión e Iglesia universal, y evaluar las implicaciones del concepto para la catolicidad y la participación de todos los miembros en la Iglesia. Éstos son algunos de los puntos desarrollados en este trabajo.


Desde hace unos 15 años vengo enseñando eclesiología en diversos cen­ tros teológicos, facultades e instituciones para la formación permanente de Europa y América latina y he tenido como alumnos a seminaristas, sacerdo­ tes, religiosas y religiosos, laicos, catequistas y animadores de comunidades de base.
Estas páginas quieren resumir lo más esencial de dichos cursos y tienen una finalidad más pedagógica y práctica que de investigación científica. No podemos dejar la eclesiología a unos pocos especialistas, como si el resto del pueblo tuviera que privarse de esta atmósfera comunitaria, de esta matriz eclesial de nuestra fe.
Esto explica el que hayamos omitido citas eruditas no necesarias, y en cambio hayamos introducido al final de cada capítulo algunos textos significativos para la lectura y comprensión del tema, y hayamos añadido una bibliografía selecta en lengua castellana después de cada sección.
El lenguaje y el nivel pretende ser accesible al lector con cultura media, de modo que sirva realmente de iniciación a la eclesiología, a la eclesiología latinoamericana y a la eclesiología desde América latina. Su lectura tanto se dirige al lector latinoamericano como al español que desea conocer la eclesiología latinoamericana.

Desde el corazón geográfico de América latina, desde Bolivia, han sido pensadas y escritas estas páginas. Todos los conocimientos y experiencias anteriores han sido reformulados desde este majestuoso escenario de cordi­lleras nevadas, altiplanos inmensos, valles fértiles, llanos tropicales, donde vive un pueblo heredero de culturas milenarias, creyente, sencillo, bueno y sufrido, que merecería un futuro y unas condiciones de vida mejores que las actuales.
Después de 500 años, vuelven las carabelas. Y América latina ofrece a Europa, a España, el testimonio de su fe, el clamor de sus pobres, un nuevo estilo de ser Iglesia, la sangre de sus mártires, su esperanza. Por todo ello, este libro no es meramente académico, es también testimonio, denuncia, profecía y buena noticia. El fruto de su lectura no debería ser solamente el conocer y amar más a la Iglesia, sino también el decidirse a caminar con ella y en ella hacia el reino de Dios.


La serie “Compañerismo en la Misión de Dios” es un proyecto de publicaciones de CLAI y Editora Sinodal, con la participación de AIPRAL y el apoyo de la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (PCUSA por sus siglas en inglés). El proyecto cuenta con la colaboración de instituciones teológicas de América Latina. Las publicaciones están dirigidas a docentes y estudiantes de los centros de formación del continente con la intención de trazar los límites de una misionología latinoamericana para el siglo 21.
La finalidad de la serie es publicar obras de calidad erudita y relevancia contextual, provenientes de todos los países latinoamericanos y de todas las perspectivas eclesiológicas, abarcando a protestantes, pentecostales y católicos. Los temas misiológicos son abordados a partir de estudios bíblicos, teología, historia, ciencias de la religión, antropología, arte, educación, política, cultura y economía siempre el criterio fundamental es que las publicaciones sean en el área de la misión de Dios.
Por “misión” cristiana se entiende la obra pastoral y transformadora del Dios uterino en el mundo, la cual incluye evangelización, día con día y acción social. El fin último de la misión de Dios es el establecimiento de su reino de amor, paz, justicia y vida plena con dignidad para todas las personas y comunidades en los cinco continentes. La iglesia es uno de los instrumentos que Dios usa para realizar su misión, y como tal, ella colabora con otros que promueven los valores del reino de Dios.
Los misiólogos de América Latina hacen su misionología a partir de los contextos de nuestro continente, en diálogo con la iglesia y con todo el mundo. Interactúan con culturas, religiones y movimientos populares. En ese diálogo hay perspectivas divergentes. Por lo tanto, no siempre la Editora Sinodal, el CLAI o el consejo consultivo concuerdan con todas las posiciones presentes en las publicaciones que reflejan las opiniones de los autores, pero expresan la unidad en la diversidad.


El compromiso con las misiones siempre ha sido una característica definida de los Bautistas del Sur. Orar por los perdidos, enviar misioneros
dedicados y ofrendar con sacrificio para que el evangelio pueda extenderse hacia nuevas fronteras son algunas de las humildes contribu- ciones de congregaciones grandes y pequeñas. Al cooperar con otros creyentes, cada Bautista del Sur puede generar un impacto universal y cada iglesia puede convertirse en un centro misionero mundial.
Aunque el compromiso con las misiones no ha cambiado en el siglo XXI, requiere una visión y una estrategia renovadas. Las iglesias de nuestros días todavía necesitan inspiración para interesarse por el mundo perdido, e información para orar y ofrendar de una manera efectiva. Pero con abundancia, movilidad y oportunidades sin precedentes, las iglesias hoy también deben elevarse a nuevos niveles de participación. Las nuevas generaciones, en particular, necesitan una visión renovada de la misión de Dios en el mundo que sea relevante e inspiradora.
En las últimas palabras del Señor Jesús antes de ascender a los cielos encontramos un poderoso desafío desde el que podemos lanzar una inves- tigación no solo hacia las misiones, sino también hacia la misión en acción. Hechos 1:8 ofrece un paradigma bíblico que muestra cómo la iglesia del Nuevo Testamento, llena del Espíritu y guiada por él, debe cumplir con
la misión de Dios sobre la tierra hasta que Jesús regrese: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Este estudio ayudará a los creyentes a comprender el desafío de Hechos 1:8, y a descubrir los principios bíblicos que usaron las iglesias del Nuevo Testamento para alcanzar sus campos misioneros. Al personalizar estos principios en la estrategia misionera de nuestros días, una iglesia local puede responder al desafío de Jesús involucrándose activamente en la misión de Dios, histórica y universal.


Es para la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) una gran alegría presentar esta versión popular del documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe, que ha sido preparada por el Padre Mateo Garr, S.J., con amplia experiencia en esta modalidad.
La V Conferencia se realizó en el Santuario de Aparecida (Sao Paulo, Brasil) del 13 al 31 de mayo de 2007. Esta experiencia eclesial, ha sido para todos los que participamos en ella una inspiración muy grande para profundizar nuestro compromiso bautismal en la persona de Jesús y nuestra misión evangelizadora.
Hemos preparado esta versión popular para compartir esa realidad tan hermosa, vivida en espíritu de comunión y participación. Agradecemos al P.Mateo Garr, S.J. este valioso servicio. Esperamos que esta versión popular sea un instrumento eficaz para la difusión y asimilación necesarias de la espiritualidad misionera de Aparecida. Ella nos identifica como discípulos misioneros de Jesús, para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida. La persona del Señor Jesús presente y actuante en el corazón de nuestro pueblo, es una inmensa riqueza para animarnos a una renovada pastoral en todos los ámbitos en los que la Iglesia se hace presente.
Todavía resuenan en nuestro corazón las palabras del Santo Padre Benedicto XVI en su discurso inaugural, cuando nos decía que: “nuestros pueblos tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres del hambre y de toda forma de violencia”.
Como creyentes en el Señor Jesús, “camino, verdad y vida”, “nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio” (DA, 396)
La Misión Continental que se iniciará en la fiesta de la Asunción de María el 15 de agosto y la nuestra en el Perú el próximo 30 de agosto, fiesta de Santa Rosa de Lima, encuentre, en esta versión popular que hemos preparado, las ayudas que necesita para profundizar en nuestro ser discípulos/as y misioneros/as del Señor Jesús. De esta manera podremos llegar a decir un día: “encontrarnos con Jesús, ha sido lo mejor que nos ha podido ocurrir en nuestra vida” (DA, 32)
Ponemos en manos de María, modelo de todo creyente en Jesús y Madre de la Iglesia todos nuestros esfuerzos para vivir hoy la propuesta eclesial y evangelizadora de Aparecida.

Mons. Pedro Ricardo Barreto Jimeno, S.J. Arzobispo Metropolitano de Huancayo Presidente de CEAS


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