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Este libro no es un tratado sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Lo que aquí se pretende es que los cristinos podamos entender algo mejor cómo es el Dios en el que creemos). La cosa no es fácil. Primero, porque Dios no está a nuestro alcance. Nadie lo ha visto. Y nadie sabe, ni puede saber, cómo es exactamente. Porque Dios, por definición, es el Trascendente, es decir, que nos trasciende. Y eso significa que está más allá de todo lo que nosotros podemos comprender con nuestra limitada capacidad de saber y de entender. Pero, además de eso, a los cristianos se nos complica más todo este asunto. Porque cualquier ser humano, cuando pronuncia la palabra Dios, en realidad está pronunciando una palabra que tiene muchos significados. Los entendidos le llaman a eso una palabra polisémica, que quiere decir lo que acabo de indicar: una palabra que tiene significados, a veces, enteramente distintos. Por ejemplo, es evidente que, en las guerras de religión, que antiguamente eran frecuentes, los contendientes de ambos bandos no podían tener en sus cabezas el mismo Dios. Porque Dios no se puede poner a luchar contra Dios. Parece lógico decir que, en aquellas guerras, los que luchaban y se mataban por Dios, sin duda alguna es que creían en dioses distintos. Y sin ir tan lejos, en la reciente guerra de Irak, tanto Sadán Hussein como Bush invocaban a Dios para arengar a sus tropas. Es claro que, cuando esos dos individuos pronunciaban la palabra Dios, se referían a dioses que poco o nada tienen que ver el uno con el otro.

 

Libro de José María Castillo

 

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Cuernavaca en el Concilio
10 cartas y 7 intervenciones de don Sergio Méndez Arceo, VII Obispo de Cuernavaca

Pbro. Angel Sánchez Campos
Ed. Fundación Don Sergio Méndez Arceo
11 de octubre de 2013

Con motivo del 21 aniversario de la Pascua de don Sergio Méndez Arceo, VII obispo de Cuernavaca, presento un pequeño trabajo sobre su participación en la primera sesión del Concilio (11 octubre-8 diciembre de 1962).
Como autor de este trabajo quiero agradecer el trabajo académico que lo antecedió, llevado a cabo por el padre Carlos Salcedo Palacios, VD, que precisamente versó sobre las intervenciones de don Sergio en el Concilio, y cuya traducción del latín sirivió de base para esta publicación.
Por último, quiero llamar la atención sobre la importancia de la información que don Sergio envió regularmente desde el Concilio a través de 37 cartas en los cuatro años que duró el Concilio, publicadas en Morelos a través del semanario Correo del Sur.
Ojalá ayude a comprender y a apreciar esta etapa históroica de la Iglesia diocesana que peregrina en Morelos.

Al llegar al final de este trabajo, experimento la impresión de que la  materia se ha extendido mucho más de lo que había previsto al principio.  La línea seguida se ha mantenido simplicísima, o sea, tres partes:  Iglesia, Reino de Dios, Iglesia en el Reino. Por necesidad, sin embargo,  se introdujeron en el desarrollo del tema tantos problemas que resulta  difícil ahora reducir el libro en lo substancial a uno solo de ellos, o  aún el señalar uno como si fuera el principal.
a) La idea inicial que me ocupaba era la de la salvación universalmente  posible a los hombres en la eternidad. Es el mismo problema que veía  hace treinta y cinco años cuando escribí mi primer libro “La Salvación  de quien no tiene fe”. Pero aquellos eran otras tiempos, otras  situaciones, hasta diría que había una teología muy diferente; había que  hablar del alma de la Iglesia como algo más vasto que su cuerpo,  bautismo implícito de deseo, etc. Vino luego el Vaticano II que ya no  incluyó aquellas expresiones y la atmósfera cambió notablemente en  pensamiento y en acción.
Es una cuestión que necesariamente sacude la mente y el corazón del  cristiano. Tantos y tantos centenares de millones de personas que viven  completamente fuera de la Iglesia, son miles de millones. Asia es el  continente que alberga hoy más de dos mil millones de hombres, mucho más  de la mitad del género humano, un número mucho mayor de los que suman  juntas Europa, América del Norte y del Sur, África y Australia; es el  continente del que han nacido todas las grandes religiones de la  historia; pues bien, no tiene ni dos cristiano por cada cien habitantes,  tiene un poco más de un católico por ciento. ¿Qué será de los otros en  la eternidad? ¿Qué será de ellos en lo tocante a las demás consecuencias  del pecado si precisamente para liberarnos y redimirnos de ellas ha  venido Jesús?
El pensamiento de que todos ellos vayan a terminar en el infierno pudo  quizá ser aceptado en siglos pasados, dada la diferente sensibilidad y  diferente comprensión de Dios, del Padre, de la Bondad, del Amor. Aun  entonces hubo quien sintió la dificultad y se ocupó de estudiar como  pudiesen salvarse, al menos, en ciertas circunstancias: Santo Tomás  imaginó un ángel revelador mandado a propósito al hombre honesto, otros  hablaron de iluminación a todos en la inminencia de la muerte... Hoy  resulta francamente absurdo detenerse, aunque fuese un solo momento, en  la duda: Sí, con toda seguridad pueden salvarse, con determinadas  condiciones.

La estructura de este libro es muy sencilla.
En el prólogo, Pedro Casaldáliga presenta el sentido, el porqué y el objetivo de este libro.
En el Capítulo primero establecemos las nociones fundamentales de  «espíritu» y «espiritualidad», a la vez que se exponen y se justifican  algunos planteamientos generales que es oportuno tener en  cuenta. En  ese marco se encuadrará el contenido de los dos capítulos siguientes. El  anexo aborda el tema desde una perspectiva teológica técnica; el lector  no interesado podrá omitirlo sin perjuicio. 
El capítulo segundo, describe en diversos apartados, la Espiritualidad  de la Liberación desde el modo que llamamos «Espiritualidad-1» o E1: el  espíritu latinoamericano, el talante espiritual de nuestro  pueblo, la  corriente de espiritualidad que el Espíritu, la cultura y la historia  han derramado en la Patria Grande.
A su vez, el capítulo tercero describe, también en diversos apartados,  la Espiritualidad de la Liberación desde el modo que llamamos  «Espiritualidad-2» o E2: el espíritu latinoamericano potenciado  explícitamente por el Espíritu de Jesús, la Espiritualidad cristiana de  la Liberación. Los tratados clásicos de espiritualidad se estructuraban  con frecuencia sobre la base de las diferentes «virtudes». Los apartados  de estos dos capítulos ofrecerían de algua manera las «virtudes» de la  espiritualidad de la liberación. 
Damos a cada apartado un tratamiento diverso, a veces incluso muy  diverso, según la naturaleza del contenido y sus exigencias peculiares.  Las «Constantes…» y los «Rasgos…» quieren dar sintéticamente una visión  motivadora del conjunto. La bibliografía se limita concretamente al tema  de la espiritualidad de la liberación y a autores latinoamericanos o  vinculados con nuestra espiritualidad.
El Epílogo, por ser de Gustavo Gutiérrez, a quien agradecemos  entrañablemente esta su autorizada contribución, se recomienda por sí  mismo. 
Por no estar concebido como una tesis sino como una exposición vivencial  y como un «manual» de espiritualidad, el libro no exige una lectura  sistemática, pudiendo ser abordado o releído, con igual provecho, por  los apartados que al lector le resulten más sugerentes.

La verdad es como la hoja de una espada sin empuñadura, corta por todos  lados a quien quiera sostenerla, y más a quien quiera forcejear con  ella.
Este libro, escrito en los años 70, fue objeto de persecuciones por la  censura, y muchas veces justificó la desaparición de gente y se fue  convirtiendo, a fuerza de ser nombrado, en un inalcanzable objeto del  deseo de quienes por mil causas no pudimos llegar hasta su contenido.  Muchas cosas han ocurrido desde que fue escrito y ahora, después de  treinta años, todas ellas continúan vigentes y resultan claras frente a  lo expresado en él. También han ocurrido otras cosas que no estaban  previstas, ya que el autor no es un profeta del futuro, sino un objetivo  cronista de su época. Es sólo comparar lo que él relata, y que no se  podía manifestar en esa época, con lo que pasa actualmente, y que  tampoco podemos manifestar, y comenzaremos a vislumbrar dónde se halla  la verdad.
De acuerdo con el autor, y la certeza de lo que aconteció, y de su  visión de cómo se manipulan las leyes y las intervenciones del Imperio  en los demás países, es fácil inferir que la actualmente llamada ley  antiterrorismo de los yanquis, que les facilita o justifica cualquier  intervención en cualquier país, es solamente una excusa más, que será  utilizada en contra de cualquier manifestación cultural, por inocente  que sea, si no se encuadra con sus intereses y criterios, de forma que  si no comienza ya a crecer un movimiento underground de resistencia, el  futuro del hombre sólo podrá ser comparable a las hormigas. El Imperio  decidirá si tanta población en tal país es adecuada, y en respuesta a  sus intereses, desatará indiferente, una epidemia de algo, que sólo  respetará lo que el Imperio decida, y como tiene capacidad para designar  genéticamente que es lo que quiere o le conviene conservar, y hacer la  selección de acuerdo con sus propios padrones, nos encontraremos que el  sueño de la raza superior de los Nazis se está volviendo una deprimente  realidad con quienes los vencieron.
Independientemente del hecho que copiar este libro signifique un robo,  un acto  de piratería o una actitud quijotesca, estimo que el propósito  del autor fue que se conocieran los hechos de alguna forma; y ¿qué mayor  daño hacia su obra, que la destrucción sistemática de la expresión de  su pensamiento efectuada por la represión? 
Al copiarlo en forma clandestina, y darlo a conocer, no hago más que  oponerme a quienes no quisieron que yo también tuviese el derecho de  conocer lo que ellos conocieron antes. Y la oposición a lo que no quiero  es mi derecho, por eso brindo esta copia clandestina a los  hispanoparlantes de América. 
El recopilador Eduardo N

La presentación de este libro la tendríamos que haber escrito Ignacio Ellacuría y yo. Como es sabido, Ignacio Ellacuría no está ya entre nosotros. El 16 de noviembre fue asesinado junto con otros cinco hermanos jesuítas, Juan Ramón Moreno, Amando López, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró, Joaquín López y López, la cocinera Julia Elba y su hija Celina en la residencia del Centro Monseñor Romero de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Me toca, pues, escribir esta presentación —cuando todavía está fresca su sangre martirial— en mi nombre y en el suyo, en nombre de los vivos y en nombre de los mártires salvadoreños. No es, pues, una presentación habitual, y se comprenderá que tenga un tono muy personal.
Quisiera decir, ante todo, que estos martirios, y tantos otros en América latina, hacen que la presentación de este libro sea, en muy buena medida, innecesaria. Si se reflexiona, en efecto, por qué mataron a los jesuítas y a dos sencillas mujeres que simbolizan a todo el pueblo salvadoreño y latinoamericano, se comprenderá también cómo vivieron, cómo fue su fe, su esperanza y su compromiso. Y de esto, precisamente, trata este libro, de vida y de muerte, de pecado y de gracia, de Dios y de los pobres, de Jesús y de su cuerpo en la historia. En el libro se conceptualizan y teologizan todas estas realidades, pero sin esas realidades no podría haberse escrito este libro, y en base a estas realidades —hechas centrales en la reflexión— se hace la teología de la liberación que ofrece este libro.

Este libro ha sido escrito para aquellos que por una u otra razón quieren, honrada y sinceramente, informarse de lo que es el cristianismo, saber en qué consiste propiamente ser cristiano. También ha sido escrito para aquellos que no creen, pero preguntan seriamente; que han creído, pero están insatisfechos de su incredulidad; que creen, pero no se sienten seguros en su fe; que andan indecisos entre la fe y la incredulidad; que son escépticos tanto frente a sus convicciones como frente a sus dudas en la fe. Ha sido escrito, pues, para cristianos y ateos, gnósticos y agnósticos, pietistas y positivistas, católicos tibios y católicos fervientes, protestantes y ortodoxos.
¿No hay acaso fuera de las Iglesias muchas personas que en respuesta a las cuestiones fundamentales del ser humano de ninguna manera se contentan, y mucho menos para toda la vida, con sentimientos vagos, prejuicios personales o explicaciones aparentes? Y en todas y cada una de las Iglesias, ¿acaso no es también crecido el número de los que no quieren permanecer en una fe infantil, que esperan algo más que un mero repertorio de frases bíblicas o un nuevo catecismo confesional, que en las fórmulas infalibles de la Escritura (protestantes), de la Tradición (ortodoxos) o del Magisterio (católicos) ya no encuentran el último apoyo?
Personas todas ellas, no obstante, que detestan un cristianismo a precios de rebaja, que no se avienen a reemplazar el tradicionalismo eclesiástico por una simple cosmética acomodaticia y conformista, que, muy al contrario, sin dejarse influir por presiones del magisterio eclesiástico hacia la derecha ni de ideologías arbitrarias hacia la izquierda, tantean un nuevo camino hacia un cristianismo sin recortes, hacia el íntegro y verdadero ser cristiano.
No se trata aquí de ofrecer una readaptación de la tradicional profesión de fe, ni una minidogmática que dé respuesta a todas las viejas y nuevas cuestiones disputadas; tampoco se trata, por supuesto, de propagar un nuevo cristianismo. Quien pueda, mejor que el autor, hacer inteligibles al hombre de hoy las proposiciones tradicionales de la fe, que lo haga: siempre será bienvenido.

Al firmar en 1930 el prefacio al manuscrito de las Observaciones filosóficas -que serían editadas postumamente, en 1964-, Ludwig Wittgenstein anotaba: “Quisiera decir que este libro está escrito en honor de Dios, si estas palabras no sonasen hoy vacías, es decir, si no fuesen mal entendidas. De hecho, quieren expresar que el libro ha sido escrito con buena voluntad, y en la medida en que no se haya escrito con buena voluntad, y sí, por tanto, con vanidad o cosa parecida, su autor querría saberlo condenado. Él no puede purificarlo de esa escoria más de cuanto él sea puro en sí mismo”. El teólogo evangélico Gerhard Ebeling –uno de los principales exponentes de la teología hermenéutica-, que cita el texto wittgensteiniano, subraya el dolor contenido del filósofo de la claridad y de la precisión lingüística al constatar que hoy no se consiente declarar que se habla y se escribe “en honor de Dios”. Ahora bien, según Ebeling, es justamente la teología hermenéutica la que asume la tarea de hacer posible un discurso teológico claro, riguroso y responsable, del cual puede decirse abiertamente que es hecho “en honor de Dios”.
Pero la observación de Ebeling puede extenderse a todo el trabajo teológico que, en el contexto secular del siglo xx, se atreve aún a hacer un discurso “en honor de Dios”. Un discurso cuya legitimidad y necesidad está redescubriendo la cultura de la compleja sociedad de fin de siglo. Ya a comienzos de siglo, Ernst Troeltsch -a quien el historiador von Harnack definió como el más grande filósofo de la historia, después de Hegel- observaba: “Sin los ataques y el escarnio de los hijos del siglo, no existen -en el terreno religioso- convencimientos, sino sólo banalidades. Pero quienes practican el escarnio distan mucho de tener el monopolio del pensamiento científico; lo cierto, más bien, es que para ellos permanece cerrada una parte de la realidad, y que la que les es accesible se les antoja dotada de una plenitud, una transparencia y una autosuficiencia mayores de las que efectivamente tiene”.

Este es un curso de métodos de estudios teológicos. El propósito principal es enseñarle a usted, las habilidades para desarrollar una mente cristiana, ayudándole a construir una base sólida para pensar sobre los asuntos más importantes de la vida. Comenzaremos estableciendo la realidad y la naturaleza de la verdad y después aprenderemos que la Escritura interpretada correctamente es el árbitro final de la verdad. Usted aprenderá acerca de varias fuentes para la teología y la manera en que diferentes personas utilizan y hacen mal uso de estas fuentes. Este curso procura habilitar a las personas a pensar teológicamente y construir una cosmovisión bíblica que hace que el testimonio del cristiano relevante a todas las personas necesitadas. Este curso es un requisito previo a todos los otros cursos requeridos en el programa de teología.

Objetivos del Curso
Lo Que Usted Sabrá
1. El estudiante entenderá que la teología es más que solo una disciplina académica reservada únicamente para teólogos profesionales, sino que es una fuente de la cual todas las personas pueden beber diariamente.
2. El estudiante conocerá las diferentes fuentes de las cuales derivamos nuestra comprensión de la verdad y la dirección.
3. El estudiante desarrollará una perspectiva más amplia de la teología en general y aprenderá cómo la teología se practica dentro de la comunidad cristiana.
4. El estudiante aprenderá que las Escrituras son la única fuente consistentemente confiable de la teología.

 

Dada su relevancia para la vida y para la santidad de la Iglesia, es importante tomar en consideración la vida de las comunidades religiosas concretas, tanto las monásticas y contemplativas como las dedicadas a la actividad apostólica, cada una según su propio y específico carácter. Lo que se dice de las comunidades religiosas se entiende referido también a las comunidades de las sociedades de vida apostólica, teniendo en cuenta su carácter y su legislación propia.
El argumento de este documento tiene en cuenta un hecho: la fisonomía que hoy presenta “la vida fraterna en común” en numerosos países manifiesta muchas transformaciones con respecto al pasado. Tales transformaciones, así como las esperanzas y desilusiones que han acompañado y siguen acompañando este proceso, requieren una reflexión a la luz del Concilio Vaticano II. Ellas han llevado a efectos positivos, pero también a otros más discutibles. Han puesto de relieve no pocos valores evangélicos dando nueva vitalidad a la comunidad religiosa, pero también han suscitado interrogantes por haber oscurecido algunos elementos típicos de la misma vida fraterna vivida en comunidad. En algunos lugares parece que la comunidad religiosa ha perdido relevancia ante los religiosos y religiosas, y que no es ya un ideal que se deba perseguir.
Con la serenidad y la urgencia de quien busca la voluntad del Señor, muchas comunidades han querido valorar esta transformación para corresponder mejor a la propia vocación en el pueblo de Dios.

 

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